Tres palabras


No me escribas más. Eso fue lo último que me dijiste. Yo tan obediente, lo hice, por completo. No te escribí a ti, no le escribí a la vida, no le escribí ni al banco para dejarle saber que ya no pagaría el techo. Me pediste que no te escribiera. Sin saber que me pedías el suicidio. Sin saber que me pedías que me arrancara la piel con un tenedor sin llorar. Me pediste que no te escribiera, que eramos lineas paralelas que como trenes solo se ven pasar. Así lo hice. Luego me paré frente al tren y lo vi pasar frente a mi muy rapidamente, mi cabello deseaba irse con él. Y obedecí. 

Lo que parece.

Ha sido difícil. Comienzo ha ser suficiente para mi misma. Hay tanto por hacer, tanto por aprender, tanto por andar, Detenerme a la orilla del río del placer de los demás, es sin duda alguna un suicidio. No quiero volver a la piel de aquella que fui. Deseo recuperar algo del ayer. Toda una contradicción. A veces dolorosa. Todos dicen que vivo comparandome, no saben que son ellos mismos muy fuertes conmigo, hacen que sea muy dura conmigo. Ellos piensan que aconsejan, mas bien juzgan y no están dispuestos a ser juzgados. Estoy cansada. Estoy envenenada.


Este blog surge desde la desesperanza. Del rincón más inhábito de mi ser. En donde solo habitan fantasmas, miedos y futuros catastróficos que mi mente suele crear. De ser una mujer independiente, saludable, creativa y hermosa me convertí en un renacuajo y sin saber nadar.  Dar vida es lo más hermoso que me pudo haber pasado sin embargo no era feliz y no tenía nada que ver con mi pequeña criatura. La vida tenía mucho que enseñarme y yo mucho que aprender. En especial que lo ángeles SI existen. Están en la esquina vendiendo almohabanas, al cruzar la calle con uniforme azul y un gran buenos días, en 56 sonrisas llenas de esperanzas, a kilometros de distancia creyendo en mi. Están en una fábrica buscando la habichuela que llegará a mi mesa, están en un centro esperando muy confiadamente de que volveré. Están en cada amanecer a mi lado quitandome la sabana. El mundo sin duda es una mierda, pero no nací para olerla, no nací para hecharle la culpa a mis padres el resto de mi vida, ni esperar que otros vean lo maravillosa que soy, tampoco nací para dejar que el dinero decida cuando completa será la vida de mi familia. No, no nací en una cuna de oro, pero los ángeles si existen, Dios los bajo a todos para mi.