Raíces

Aún recuerdo tocar en la puerta para llevarle comida en uno de esos días grises. La adolescencia no lo hacía fácil y sus razones desconocidas mucho menos. Pero a ambas nos unió el milagro de la vida. La disciplina aunque ha ayudado con lado rebelde a veces duele. Ha herido.  Pero ¿de qué otra forma puede ser? Este amor inexplicable que tratan de arrebatarnos con el corte de un cordón umbilical. Ella ha renunciado a todas las locuras de su edad. La he dejado para tenerla segura. Sin embargo en el fondo y aunque no lo digo me hubiera gustado que tomará su mochila y se fuera a viajar. Nos hubieras evitado su profunda tristeza. No hay nada peor que ver a quién se ama no ser feliz. Supungo que intenta enseñarme que la felicidad de cada uno no depende de otros. Hay que fortalecer las raices, para luego crecer, y dar sombra a otros.

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