En el camino de las 10 pm

Esta historia debí contarla antes. La realidad es que no recuerdo si la he contado aquí. Resulta que hace algún tiempo comencé mi maestría en Neurociencia Educativa, como parte de esto he tenido que tomar varios (tal vez demasiados para mi) cursos de psicología. Con el pegue de que los cursos los he tomado en momentos muy existencialistas de mi muy entretenida vida. 

Recuerdo muy bien aquel miércoles a las 10 pm de la noche. La clase fue una tachuela en el trasero, no había sido el mejor día, no hizo falta mucho para que mi frustración explotara en muchas lágrimas (lo cual se está haciendo más común de lo que me gusta aceptar). En el trayecto de mi camino a casa mi frente conoció el volante de mi toyota, apenas podia divisar el color del semáforo. Me tocan muy fuerte el vidrio, salto del susto y por alguna razón bajé el mismo y allí estaba aquel total y completo desconocido. Iba auto por auto solicitando dinero. 

¿A mi? a mi no me lo pidió. Su mirada se fijó en la mía y con mucha compasión (sí, él tuvo compasión de mi y no al revés) comenzó a decirme: "No hagas eso", "No llores", "'Tu puedes". El semáforo inevitablemente me presentó el color verde, tuve que seguir pero para él no era suficiente y desde la distancia me gritó "TE AMOOOO". No conocia nada de mi. Ni mi nombre, ni  mis razones pero eso no lo limitó para darme tanto. 

Recuerdo que aquel día fue muy chocante para mi que precisamente él pudiera ver tanto y yo tan poco. Recuerdo además que al llegar a casa conte esta historia y la respuesta a cambio fue un "piensas seguir llorando en cada esquina" desde entonces no he hablado mas del tema. Desde entonces cada semana pasó por ese semáforo con la ilusion de volverlo a ver y poder devolverle aunque sea un poco todo lo que me dio aquella noche, pero no ha vuelto. Solo espero que donde quiera que esté conserve su muy calido aunque maltratado corazón. Hoy sentí la necesidad de compartir esta historia con ustedes. Por que a veces etiquetamos a las personas sin saber que tienen tanto para dar y contrario a lo que podamos pensar sin pedir nada a cambio.

Se Apagó

#silencio #DescubríaCerati #laespera #yo #misma #seapago

Aquí sentada esperando he creado espejos. Cuatro para ser exacta. Me he dado cuenta frente a esta realidad que la silla es de madera y que podría coger polillas que luego pueden verse atraídas por los fluidos de mi piel. También he notado estas ojeras debajo de mis ojos, que han visto tan poco, los oyuelos en mis muslos, los rollos en mi cintura, lo quebradizo de mi cabello y lo común de mis palabras. No tengo nada de especial. Podría podrirme en esta silla y nadie lo notaría. Quiero quitarme la piel, hacerla una bola y tirarla lejos. Aquí sentada espero que surja un poco de amor, un poco de mi. Me he secuestrado y no se donde me escondí. Olvidé llamar al FBI pedir la recompensa y rescatarme del sótano donde me metí. Si tan solo no te hubiera mirado. Cerrar los ojos. Con eso bastaba. No haberme sentado en esta silla órganica que me descompone la carne de a poco mientras José Gonzalez interpreta "With the Ink of a ghost".

La Espera

#lecogígustitoalaespera #laespera #enotravida

Llevo mucho tiempo esperando. Exactamente desde que nací. Que irónico verdad, cuando se supone que acabe una espera es justo cuando comienza otra. Y en mis tantos años es cuando despierto de este sueño sentada en el café de la esquina. Ese. Ese que siempre evito. No me gustan los espacios pequeños llenos de gente. Los minutos de privacidad en los que se generan intimidad entre la rebeldía y la dulzura, esos, son mis favoritos. Termino de amarrar los gabetes de mis botas con fango seco de tanto andar y me hecho a la calle. Quisiera decirles que ando en las calles de Madrid, Mumbai o en un caminito de Uruguay. Me encuentro en las calles orinadas de algún pueblillo de Puerto Rico. Me detengo doy un sobresalto y verifico que nadie venga tras de mi. Tengo esta manía desde muy chica. Mis abuelos solian decirme que la muerte siempre está tras nosotros. Así que siempre he tratado de estar un paso adelante. Prevenida, prediciendo lo que va a suceder. Especialmente lo malo. Si me preparo con antelación podré controlarlo. Así pues nunca he esperado nada (o tal vez lo he esperado todo). Hasta que tus ojos se cruzaron con los mios. No porque no nos hubieramos visto antes, mas bien no nos habiamos descubierto. En ese momento tus pupilas absorbieron mis eternas predicciones. Me tomaste de la mano, sonreiste, fuiste cortés, me sentaste. Masajeando mis hombros me susurraste: "Ha comenzado la espera".