La amistad ¿qué desmadre?

Han sido muchas las veces que he escuchado que soy una luchadora. Se siente bien extraño que te lo digan. No entiendo bien a lo que se refieren. De repente surge una imagen de mi misma vestida de Xena. Han sido incontables las veces que me equivocado, muchisimas más las que me he desmoronado. Y si de andar confundida por la vida se trata creo que tengo medalla de oro. Me parece tan chistoso porque a veces gasto muchas energías en tratar de inferir cuál es la imagen que tienen los demás de mi y aunque hago mucho ese ejercicio, la imagen nunca se crea. Tal vez se deba a que deseo cosas imposibles, y eso solo me asegura una decepción. Ya que se acercan los 30 la experiencia me ha enseñado que tratar de complacer a los demás es tan drenante y es algo que te aleja cada vez más de tus metas y tus sueños. Ya casi en esta recta final de entrar en una nueva etapa en vida puedo decir con toda seguridad y sin ningun miedo que me he propuesto dar amor en abundancia. ¿Suena facíl no? Sin embargo no lo es. Aceptar a las personas tal como son con todas sus chulerías y con sus defectos es algo bien difícil. Sobre todo con las amistades, porque es un tipo de relación que damos por sentado y no es hasta que algo grande o grave sucede que nos damos cuenta que no hemos fortalecido esa relación tanto como deberiamos.  Y aquí me encuentro dispuesta a aceptar lo que tengas para dar, trataré de ponerme en tus zapatos y de no juzgar. Solo pediré que no me juzgues 100 años por cosas que se pueden modificar o que las he modificado. Mientras tanto tendré los brazos abiertos para ti.

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